Uno de los aspectos fundamentales en el cuidado de la madera es no permitir que la suciedad se adhiera a estas superficies. Los suelos de madera se llevan instalando en las viviendas desde hace muchos años, no solo por estética: son un gran aislante térmico que evita las fugas caloríficas, razón por la que se siguen utilizando en la mayoría de los inmuebles. Conviene distinguir dos términos que a menudo se confunden: el parquet se compone de tablillas más pequeñas que se colocan formando un dibujo, mientras que la tarima se elabora con tablas más anchas y largas, llamadas lamas. La tarima, además, ha evolucionado con los años: de la tarima maciza original se pasó a la tarima multicapa con instalación flotante, y en la década de los 80 llegaron las tarimas sintéticas que imitan la madera con acabados cada vez más realistas.
Sea cual sea el tipo, una limpieza adecuada de los suelos de madera debe ser concienzuda y ajustada a las cualidades específicas de este material, que no se lleva demasiado bien con el agua —aunque, como veremos, esta afirmación tiene sus matices—.
La regla de oro: cuidado con el agua
A diferencia de los suelos de baldosas, donde basta pasar la fregona con agua y jabón y dejar secar, en la madera esto es impensable: la humedad no es su amiga. La técnica más adecuada para el día a día es retirar el polvo o la suciedad en seco, con mopa, trapos o cepillos específicos para este tipo de superficies. Cuando el suelo presenta partículas sólidas de suciedad, conviene recurrir a una aspiradora que las elimine sin arrastrarlas, ya que de lo contrario pueden rayar el pavimento.
La protección debe empezar antes incluso de limpiar: tomar precauciones para no mancharlo o dañarlo es la mejor prevención. Existe una excepción a la regla del agua: en el mercado hay tarimas de madera especialmente indicadas para zonas húmedas, como baños y cocinas, que sí se pueden fregar con agua y jabón sin miedo a que se deterioren. Aun así, antes de usar herramientas húmedas conviene comprobar que el material las resiste; en caso de duda, lo más seguro sigue siendo la aspiradora o la mopa para el polvo y un paño ligeramente humedecido para las manchas puntuales.
Cuándo sí conviene usar agua
Si alguna sustancia cae al suelo y puede dejar mancha o cerco, hay que limpiarla con un paño húmedo lo antes posible: estas manchas son mucho más difíciles de eliminar una vez secas. Más allá de estas emergencias puntuales, no basta con barrer o aspirar: de vez en cuando conviene fregar con agua y jabón para eliminar pequeñas manchas y suciedad acumulada que el barrido no retira. Con hacerlo una vez al mes es suficiente, y la bayeta o fregona debe estar perfectamente escurrida para evitar el exceso de humedad. Fuera de estos casos, evita limpiar con agua abundante: las soluciones líquidas en exceso pueden acabar levantando la madera o deteriorándola.
Qué productos usar (y cuáles evitar)
Para no estropear la madera al limpiarla, lo recomendable es un jabón neutro o un producto específico para este material. Un remedio casero habitual es el agua con un chorrito de vinagre: el resultado puede sorprender, y aunque el olor parezca fuerte al principio, se disipa por completo en pocos minutos.
Ojo con los productos que se venden específicamente para «limpieza de suelos de madera»: no todos son adecuados, ya que algunos contienen elementos ácidos o ceras que, aunque no se noten de inmediato, acaban degenerando el estado del pavimento a largo plazo, apagando el brillo o deteriorando la madera. Es un material delicado, así que conviene desconfiar de cualquier producto agresivo por mucho que su etiqueta prometa lo contrario, y seguir siempre que sea posible las recomendaciones de mantenimiento del fabricante: la marca que comercializa el suelo es quien mejor sabe cómo debe conservarse.
Mantener el brillo con el tiempo
Antiguamente los suelos de madera se enceraban para que lucieran como nuevos, pero los pavimentos laminados modernos ya vienen tratados para resistir las agresiones externas y facilitar la limpieza diaria. Hoy existen además aceites de fácil aplicación que hidratan la madera cada cierto tiempo y le devuelven el brillo natural, un cuidado periódico que complementa —pero no sustituye— la limpieza regular.
Desde Limpiezas Abando queremos destacar la importancia de prestar especial atención al mantenimiento de los suelos de madera: es un material que exige cuidados algo más laboriosos que otros pavimentos para conservarse en condiciones óptimas durante más tiempo. Si tienes dudas sobre cómo limpiar tus superficies de madera, podemos asesorarte: nuestros productos no son abrasivos para este tipo de materiales.
Fuentes y referencias
- Asociación de Profesionales del Parquet, Tarimas, Laminados y PVC de España (APP): asociacionprofesionalesparquet.com