Con el tiempo, el brillo de los pavimentos, independientemente del material con el que se fabriquen, acaba opacándose. En este punto, el cristalizado de suelos se presenta como la solución ideal para devolverle el brillo natural —o dárselo, en caso de materiales no brillantes como las cerámicas— a los suelos de todo tipo de establecimientos: ya sea una oficina, un centro comercial, un hospital o una vivienda, el cristalizado se convierte en un aliado estrella para el mantenimiento, la restauración y el embellecimiento del espacio.
Cristalizado vs. abrillantado: ¿es lo mismo?
No hay que confundir el cristalizado con otros tratamientos como el abrillantado. Mientras que este último se vale fundamentalmente de cera para conseguir brillo, resultando más económico y simple pero también menos resistente, el cristalizado es una técnica más compleja que requiere una máquina rotativa, lana de acero y líquido cristalizador.
El secreto para conseguir ese efecto brillante tan característico está en la reacción química que se produce tras la aplicación de los productos: en esta fase se genera una finísima capa dura y brillante que cubre toda la superficie del pavimento tratado. El resultado no es solo estético: esa capa también sella y protege la superficie frente a la erosión de agentes externos. El cristalizado es, además, un método muy versátil, ya que se aplica sobre gran variedad de superficies calcáreas —aquellas que contienen carbonato cálcico—, como el terrazo, el mármol o el granito.
Otras técnicas para restaurar y proteger suelos
Los suelos son una de las partes de una vivienda o negocio que más desgaste sufren por el uso y, paradójicamente, de las más olvidadas en el mantenimiento preventivo. Cuando el paso del tiempo o un cuidado deficiente dejan un pavimento envejecido, el cristalizado no es la única herramienta disponible: existen otras técnicas profesionales, cada una recomendada para un tipo concreto de suelo.
Antes del cristalizado, las superficies desgastadas o con arañazos suelen necesitar un pulido o diamantado mediante pulidoras industriales, que elimina los pequeños desniveles y desperfectos dejando el suelo preparado para la fase de brillo final. Para suelos de hormigón o asfalto, tanto en interior como en exterior, la pintura antipolvo resulta muy indicada: protege la superficie, facilita su limpieza y alarga la vida útil del pavimento. Y en suelos que exigen una resistencia especial —almacenes, naves industriales, zonas de producción—, la aplicación de resinas industriales permite obtener una superficie lisa y homogénea, sin juntas y muy sencilla de limpiar; este tipo de morteros y acabados de suelo están regulados por la norma UNE-EN 13813, que establece sus propiedades y requisitos técnicos. Cada técnica debe ser realizada por un especialista para garantizar el mejor resultado en el menor tiempo posible.
¿Necesita mantenimiento un suelo cristalizado?
Una vez aplicados los productos químicos y conseguido ese acabado transparente, brillante y duradero, empieza la duda habitual: ¿se mantiene ese brillo con el tiempo? La respuesta depende de los cuidados posteriores, pero la buena noticia es que los suelos cristalizados apenas requieren mantenimiento. La limpieza diaria es muy sencilla: basta con una mopa o un aspirador, y agua con jabones neutros, para que el desgaste sea mínimo.
El tiempo que debe transcurrir entre dos tratamientos de cristalizado no depende solo del material del pavimento, sino también del uso, el mantenimiento y el tránsito de personas y maquinaria al que esté sometido. Y aquí hay un dato tranquilizador: es la propia capa de cristalizado la que sufre el desgaste con el tiempo, no el pavimento que hay debajo, así que el proceso puede repetirse cuantas veces sea necesario sin que el suelo original se vea afectado.
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Fuentes y referencias
- AENOR: UNE-EN 13813 — Morteros para recrecidos y acabados de suelos. Propiedades y requisitos
- Cluster de la Piedra: Guía Técnica de la Piedra Natural — Requisitos y Control de Recepción, con la clasificación de superficies calcáreas (mármol, terrazo, granito) según la norma UNE-EN 12670